NANI F. CORES

  • El Museo Thyssen-Bornemisza y el Museo Sorolla organizan al alimón una muestra que repasa la pasión del pintor por el mundo de la moda.
  • Sus cuadros fueron el reflejo de la vida social de la época y, por extensión, de las tendencias en vestidos y complementos de las protagonistas de sus óleos.
  • Para la ocasión se han reunido en los dos museos una colección de más de 70 pinturas y un nutrido conjunto de modelos de época.

Clotilde con traje negro, 1906

Además de un artista de enorme talento, un experto en captar la luz del sol en pinturas y retratos y un cronista de la vida social de su época, Joaquín Sorolla (1863-1923) fue también un gran aficionado la moda. Hijo de una familia humilde dedicada a la venta de tejidos y casado con una mujer de clase burguesa y acomodada, Clotilde García del Castillo, su interés por la indumentaria fue paralelo al incremento de su fama y su ascenso social y económico.

Cuentan que tanto Clotilde como las hijas de ambos, María y Elena, tuvieron un don natural para vestirse. Y conocedor de su pasión por los trajes, los sombreros y todo tipo de complementos, Sorolla se complacía en agasajarles con varios de ellos cuando regresaba de alguno de sus frecuentes viajes a París.

La suma de estas dos pasiones da vida a una exposición Sorolla y la moda, que organizan de forma simultánea y complementaria el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y el Museo Sorolla y que reúne, para satisfacción de los amantes de ambas disciplinas, una colección de más de 70 pinturas (algunas de ellas nunca expuestas públicamente) y un nutrido conjunto de vestidos y complementos de época (muchos de ellos inéditos también), con valiosas piezas prestadas por importantes instituciones y colecciones particulares como el Museo de Artes Decorativas de París, el Museo del Traje de Madrid o el Victoria and Albert Museum de Londres.

Como pintor, Sorolla se erige como el perfecto cronista de los cambios en las tendencias y estilos de la indumentaria de su época. La exposición se centra en los retratos femeninos pintados por el artista entre 1890 y 1920. En ellos se concentra, como si fuese una revista de moda de la belle èpoque, un extenso catálogo de vestidos, joyas y complementos. Gracias a esta doble muestra comisariada por Eloy Martínez de la Pera, entablarán un diálogo en las salas de ambos museos con vestidos y complementos que se conservan de aquellos años.

"Sus cuadros -ha explicado de la Pera durante la presentación de esta exposición- no solo reflejan su modernidad y la magnificencia de los retratos, sino que hablan del cambio de rol de la mujer en la sociedad. Es el tiempo de las sufragistas, de la apertura de los grandes almacenes, cuando la mujer se empieza a vestir para si misma y no solo para su marido".

Delfos, el vestido que hizo furor en la época

Dentro del Thyssen, la exposición se divide en cuatro secciones: Sorolla íntimo, muestra diferentes aspectos de su vida cotidiana, como la cartas que enviaba a su mujer en las que le contaba las novedades en el mundo de la moda; las compras que realizaba para ella y sus hijas o los cuadros que pintó de ella como Clotilde con traje negro (1906), propiedad del Metropolitan Museum of Arte de Nueva York; o Clotilde vestida de blanco (1902), de la también neoyorkina Hispanic Society of America.

Por su parte, El retrato de sociedad muestra algunos de los encargos que recibió para retratar a personajes de la alta sociedad de su época así como algunos de los modelos que lucían, entre ellos, un vestido de novia de 1907 que procede del Museo del Traje en Madrid. El veraneo elegante recoge algunos de sus maravillosas pinturas junto al mar de los que fueron los primeros veraneantes españoles; y París y la vida moderna, se da un paseo por el ambiente de los cafés, los paseos urbanos y la ópera de la capital francesa que tanto fascinaban al artista.

En el Museo Sorolla las piezas se adaptan a sus espacios, que se ha conservado como casa, con su ambiente y muebles originales. Una casa a la moda exhibe varios retratos de la familia y algunos vestidos muy similares a los que lucen en estos óleos que les aportan una nueva vida. Al igual que en Thyssen, El retrato de sociedad contiene diversos tipos de retratos de encargo, desde el de la reina María Cristina realizado en 1888, a otros más desenfadados como La bella Raquel de 1912; y también queda reflejado el furor de Clotilde y sus hijas por los vestidos bonitos y las joyas. Sin duda, una de las joyas de la muestra es el vestido Delfos, patentado por el pintor Mariano Fortuny, que hizo furor entre las más modernas de la época y con el que Sorolla inmortalizó a su hija Elena.

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